Se asemeja tanto a cuando estaba a su lado

Se asemeja tanto a cuando estaba a su lado

Está triste. Las facciones de su cara lo demuestran. Se encuentra sola, zarandeada por el viento, sentada con los pies en la orilla y con el sol tornándose hacia el este. De vez en cuando agacha la cabeza para sentirse resguardada. Otras mira al frente, intentando buscar el horizonte en un mar que escapa a su campo de visión.

Sabe que el sol dará paso a la noche, y la noche a los recuerdos. Le volverá a recordar, una hora consecutiva más, pero eso ya nada importa. Intenta hacerse fuerte, convencerse de que ella vale más que ningún chico. Aunque no lo consigue. Está todo muy reciente. Esos paseos por la playa, cogidos de la mano, sentados en la más alta roca del acantilado, contemplando el paisaje, jurándose amor eterno.

Aquellas bromas que tanto echa en falta, aquellas carcajadas interminables al rememorar los momentos pasados, aquellos abrazos cuando el frío se colaba entre sus cuerpos semidesnudos y aquellos besos apasionados que les ponía en contacto.

Porque ella se intenta apoyar en sus amigos, los que no le han fallado. A pesar de que le cueste reconocerlo, la llamaría para poder oír sus voces un segundo más. Poder escuchar sus ánimos, sus frases tópicas, sus consejos reconfortantes. Le hacen sentirse mejor.

Por todos los medios trata de no llamarle. El primero que lo haga mostrará su debilidad. Y ella sabe que sería lo peor. Dejar al descubierto su unívoca dependencia. Aunque la intente ocultar. Últimamente ha invertido la mayoría de su tiempo en él, y por eso le cuesta muchísimo no traerle a su mente, no creer en que al minuto siguiente habrá una llamada suya, o una carta con una rosa en la alfombra de su apartamento.

Sin embargo, va teniendo algo de experiencia. Uno de sus “amigos-santos”, de esos de los que solo te acuerdas cuando los necesitas, le ha pedido que no escuche música, ni pase las horas muertas en su perfil del Tuenti. En cambio, le ha aconsejado que lea un libro, que juegue con su hermano pequeño, que realice actividades alternativas. Ella le hace caso, pero parcialmente. Le es inevitable buscar un culpable, un motivo, una explicación, y lo hace visitando su perfil en busca de alguna pista o indicio. A pesar de que puede que no encuentre nada, como quien busca en el suelo entre los billetes de metro usados alguno sin utilizar.

De repente siente que un escalofrío despiadado recorre su cuerpo entero. Alza su rostro, y cierra los ojos para solo escuchar las olas del mar. Mientras, con sus manos intenta atrapar tantos granitos de arena como puede albergar, y siente cómo se van resbalando de la palma de su mano. Así se siente cuando piensa que todo terminará, impotente. Se inclina hacia atrás hasta tumbarse por completo, y el cielo se ha oscurecido en cuestión de momentos. Siente la calidez del agua en sus pies. Es una situación agradable que no quiere que termine. Se asemeja tanto a cuando estaba a su lado...

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