El Mercado Cervantino de Alcalá de Henares abrió desde el viernes puertas y recibiendo a miles de visitantes de toda la comarca

El Mercado Cervantino de Alcalá de Henares abrió desde el viernes puertas y recibiendo a miles de visitantes de toda la comarca

Alcalá de Henares, acoge desde el viernes pasado y hasta el próximo miércoles, 12 de octubre, festivo nacional, la XVIII edición de su Mercado Cervantino, enmarcado en esta ocasión en los actos conmemorativos del IV Centenario de la muerte de Cervantes.

Fotografía cedida por Ricardo Espinosa Ibeas
La Huerta del Obispo ya ha acogió el primero de los Torneos de Justas, en esta ocasión dirigido a escolares de la ciudad. Estos Torneos se repetirán ya todos los días en tres pases diarios, en horario de mañana a las 13:00 horas, y de tarde a las 18:00 y 19:30 horas. Su duración es de una hora y el aforo es de 1.400 localidades. Las entradas se pueden adquirir en la taquilla de la propia Huerta y en la zona infantil del Mercado, en la Plaza de Cervantes.

Además, esta nueva edición del Mercado, incluirá dos significativas novedades, la recreación de un Corral de Comedias en la Plaza de Palacio y del espectáculo Los Delirios del Quijote en el Pico del Obispo. Ambas se suman a los más de 400 puestos que se han ubicado en las distintas calles que componen el Casco Histórico, y a la animación teatral y musical, pasacalles o exhibiciones de vuelo de cetrería.

El alcalde de Alcalá de Henares, Javier Rodríguez Palacios, ha invitados a todos los vecinos y vecinas de la ciudad "así como a todos los madrileños y madrileñas y al resto de habitantes de la comarca a que visiten la ciudad en estos días".

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    En 1085 Alfonso VI el Bravo, rey de León y Castilla, conquista Toledo, la antigua capital del reino visigodo antes de la derrota del río Guadalete, y a ella traslada su capital, exigiendo a los desgastados reinos de taifas elevados tributos. Alfonso VI se encuentra en su apogeo y se hace nombrar Imperator e incluso Rex Ibericus.

    castillo_consuegra.jpg

    Al año siguiente, el rey decide afianzar su poder en el norte de Hispania y pone sitio a Zaragoza, capital de la taifa del mismo nombre. El emir Yusuf ibn Tasufin desembarca en Algeciras en auxilio de los débiles reyes musulmanes. Alfonso VI, que no está dispuesto a tolerar esta osadía, levanta el cerco de Zaragoza y se dirige al encuentro de Yusuf. El rey sufre una humillante derrota en la batalla de Sagrajas, donde es masacrado al menos la mitad de su ejército: los almorávides rematan a los heridos en combate y agradecen a Alá la victoria subidos a un montón de cabezas de los cristianos.

    Pero no es Alfonso VI el único que lucha contra los musulmanes: Rodrigo Díaz de Vivar, conocido como el «Cid Campeador», asola la zona del Turia y se apodera de la plaza fuerte de Valencia (1094) convirtiéndola en capital de un principado que él gobierna. Posteriormente derrota a Yusuf en dos ocasiones: en Cuart de Poblet (1094) y cerca de Gandía, en Bairén (1097) unidas sus tropas a las de Pedro I de Aragón. Pero mientras Rodrigo Díaz lucha en Valencia, un ejército almorávide capitaneado por Mohammed Ben al Hach se dirige a Toledo.

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    Alfonso VI coloca a Álvar Fáñez, experto comandante de caballería, apoyando a Pedro Ansúrez, cuyos hombres son tropas de élite; después coloca a Diego con las tropas del Cid, las mejor armadas, y manda al conde García Ordóñez que proteja con su caballería la vida de Diego. García Ordóñez era un antiguo enemigo del Cid (según el Cantar de Mío Cid, en una ocasión en que el rey Alfonso había encomendado a éste cobrar las parias al rey de Sevilla, el de Granada, Abdalá, se dirigió a saquearla ayudado por algunos nobles, entre los que estaba García Ordóñez. El Cid salió con todas sus tropas a plantar batalla a Abdalá y tras apresar en ella a García segó con su espada un mechón de la barba, lo cual era ofensa gravísima).

    La infantería cristiana se dirigió contra la almorávide, apoyado cada contingente por otro de caballería. Los cristianos consiguieron romper las filas de la infantería, pero las alas almorávides, formadas por jinetes, envolvieron a los cristianos. El rey ordenó la retirada y, mientras en el flanco izquierdo se replegaban Pedro Ansúrez y Álvar Fáñez juntos, en el derecho sólo lo hizo García Ordóñez sin ayudar a Diego Rodríguez, quien rodeado por sus hombres, y éstos a su vez por los enemigos, no aguantó mucho más y cayó muerto.

    Alfonso VI se refugió dentro de la ciudad, que no tardó en caer, y se retiró al castillo, un bastión inexpugnable en lo alto de un cerro. Tras ocho días de sitio, sin agua, ni apenas comida, y con solo unas centenas de hombres, Alfonso VI resiste el asedio de los moros que intentan escalar sus murallas. Tras el octavo día los almorávides, diezmadas sus tropas, sofocados por el calor y temiendo la llegada de refuerzos cristianos, levantan el sitio y se retiran.

    Alfonso VI perdió muchos hombres, pero uno de ellos destaca sobre los demás: Diego Rodríguez, hijo del Cid Campeador, cuyo valor, entrega y muerte se celebran cada año desde 1997 en Consuegra.

    La batalla de Consuegra fue el segundo gran combate directo entre el ejército castellano-leonés y el almorávide.

    Yusuf ibn Tasufin, diez meses después de la batalla de Consuegra, en junio de 1098 volvió a Marrakech (África) satisfecho por sus numerosas conquistas.

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