Sucesos del Henares

Sucesos del Henares

Webmaster @SucesosHenares

Obtengo la mejor información diaria para mantener informados a todos los vecinos del Corredor del Henares.

URL del sitio web: http://sucesosdelhenares.es
Domingo, 23 Agosto 2015 17:31

Uñas con bolitas navideñas

Para inaugurar esta nueva sección de belleza,  comenzaremos con unos diseños de uñas para estas navidades, a continuación los pasos a seguir para este modelo con bolitas:

Productos necesarios:

   1. Celofán.

   2. Bolitas de colores.

   3. Pintauñas de colores.

   4. Un bol o cuenco.

   5. Pintauñas transparente.

 

Sábado, 22 Agosto 2015 18:57

Alcachofas rellenas de merluza y gambas

Hoy os traemos una receta que merece la pena probar por ser tan nutritiva y ligera. Podeis usar mejillones en lugar de gambas, resultará igual de sabroso.

 Ingredientes (para dos personas):

  • 4 alcachofas
  • 1 rodaja de merluza
  • 150 gr de gambas
  • 1 puerro
  • 1 cebolla mediana
  • 2 ó 3 dientes de ajo
  • 1 tomate
  • Harina
  • Vino blanco
  • Eneldo, sal, pimienta y perejil picado
  • Aceite de oliva
  • Agua o caldo de pescado

Sábado, 22 Agosto 2015 18:50

Un 20 de Agosto del año...

En el año 1975, en EE.UU. se lanza la sonda espacial robótica "Viking 1", destinada a explorar la superficie de Marte. Casi un año más tarde aterrizará en Chryse Planitia, una región llana de tierras bajas en la región ecuatorial del hemisferio norte del planeta rojo. Si, según parece, alguna vez llegó a existir un océano en dicha región, Chryse hubiera sido una gran bahía.

Un compromiso del Equipo de Gobierno del Ayuntamiento de Villalbilla, es dedicar una partida de 100.000 € para el próximo año 2016 a Presupuestos Participativos, en la web del propio Ayuntamiento los vecinos podrán votar por la que consideren más apropiada.

Bazar chinoLa Concejalía de Urbanismo del Ayuntamiento de Alcalá de Henares ha decidido ejecutar la paralización de las obras de un macrobazar situado en la Avenida de Madrid, número 32.

El título de este capítulo de mis “Memorias visuales”, haciendo referencia a aquella película de Paul Newman, se debe sin duda al buen recuerdo que me viene a la memoria acerca de aquellos largos veranos, cuando nos daban las notas a mediados de junio y no teníamos que regresar hasta finales de septiembre a retomar las clases en el instituto. En esos veranos daba tiempo para todo… ¡hasta para aburrirte! Aunque eso era lo menos frecuente.

Hago un alto en el camino en este punto, para aclarar que no hablaré acerca de mis veranos de infancia torrejonera, ya que poco o nada especial hacíamos entonces en Torrejón: Iba a todos lados con mis padres si se trataba de dar un paseo o tomar algo, en alguna ocasión madrugaba con mi madre para abrir el Bar Selín, que regentaban en los años 80 (puntualizo, mientras mi madre lo abría y atendía, yo estaba en los columpios del parque que había enfrente), y el resto de los días jugaba con mi hermano, bien en casa o en la calle, o veíamos televisión, por lo que la tónica general era bastante monótona en aquellos veranos en la ciudad, donde la mayoría del tiempo lo pasábamos en casa.

Volviendo a mis veranos de adolescencia, los acontecimientos se sucedían año tras año de modo similar: Nada más recibir las notas (tras los exámenes de suficiencia de junio), venían las Fiestas Populares en Torrejón. Mis amigos y yo aguardábamos ansiosos el final de curso para disfrutar de las fiestas, planeando ir a las casetas de las peñas a beber y bailar, cenar un bocadillo o un perrito de los puestos, y seguir con la fiesta hasta que el cuerpo aguantara. En aquellos años, ante la ausencia de internet, siempre se especulaba sobre qué grupos musicales vendrían a tocar, quién daría el pregón, etc., dudas que se disipaban cuando nos encontrábamos el programa de fiestas en el buzón de casa y lo hojeábamos.

Tras la finalización de las fiestas, la normalidad volvía a las calles de Torrejón, y nos esperaban aún dos meses y medio por delante de disfrute veraniego. De lunes a viernes nuestras salidas diarias empezaban hacia las cinco de la tarde en el parque de Las Veredillas (o, como se le llama por estos lares, parque “de los patos”), y terminaban de madrugada, con diversas actividades que se repetían cada tarde-noche de aquellos veranos: Sentados en la hierba, charlábamos, fumábamos, bebíamos, comíamos patatas fritas o helados, jugábamos a las cartas, cantábamos mientras alguno tocaba la guitarra…, y terminábamos en el portal de algún amigo charlando, hasta que nos vencía el sueño y nos despedíamos para volvernos a ver al día siguiente.


Los fines de semana, antes de ir a los bares, solíamos ir a la pradera (situada al lado del velódromo) para hacer botellón.


Años después, en lugar de ir al parque de Las Veredillas los días de diario, o a la pradera antes de ir a los bares, preferíamos sentarnos en alguna terracita para tomar unas cervezas o una sangría con unos aperitivos antes de ir de copas, como por ejemplo en el Mirabel de Torrejón 2000.


O también en Alpujarras, enfrente de los pisos del mercado de Las Veredillas.

En alguna ocasión, celebrábamos cumpleaños en aquellos bancos con mesas que había en algunos rincones del parque de Las Veredillas, hoy desaparecidos.


Luego, después de las terracitas y los bares, la tónica habitual: Charlas hasta las tantas, o a los bares que no cerraban hasta el amanecer. Y así, entre pitos y flautas, se nos iba el verano, y teníamos que volver a cargar con los libros, a ver la lista del curso para ver dónde nos había tocado y con quién, el reencuentro posterior con los viejos compañeros y profesores…

Los domingos, debido a su carácter más relajado, quedábamos por la tarde, y bien íbamos a la pradera, pero a tomar un batido y unas patatas fritas tumbados tranquilamente en la hierba, o nos tomábamos algo en las terracitas comentadas anteriormente.

Obviamente, en ese largo intervalo veraniego, la gente iba y venía, bien a la playa, o al pueblo de sus padres, como es mi caso, veraneando en el pueblo de mi madre. Su nombre es Osa de la Vega, se sitúa en la llanura manchega, y es conocido por el triste suceso de “El Crimen de Cuenca”, historia real en el que dos inocentes fueron acusados de un asesinato que nunca ocurrió y torturados hasta que confesaron un crimen que nunca cometieron.

Su Plaza Mayor era el punto de reunión de todos sus habitantes: Los ancianos sentados en los bancos de mármol de su interior, los niños correteando o con sus bicicletas por sus paseos cruzados o su exterior, y los jóvenes sentados en esos travesaños pintados de verde que sobresalían de unas pequeñas pilastras a las que iban unidos.

En lo referente a mis vacaciones en Osa de la Vega, dividiré en dos etapas mis estancias allí: Durante la infancia y en la adolescencia.

Durante la infancia, la llegada al pueblo siempre era de carácter familiar, íbamos un par de semanas, y en esa estancia pasábamos casi todo el día en la casa de mis abuelos, excepto para dar una vuelta con la bicicleta, para las compras habituales, para acudir al mercadillo callejero de los martes y los viernes (también en la Plaza Mayor); el día de nuestra llegada, hacíamos una ruta casa por casa para visitar a mis tíos abuelos, y así, de paso, dábamos una vuelta por el pueblo.

Al llegar la tarde, cuando anochecía, nos íbamos junto a mis abuelos y los vecinos de la plazoleta a pasear por la carretera que une Osa de la Vega con Tresjuncos (uno de los pueblos limítrofes, que dista a unos 5 km), llegando muchas veces hasta la entrada del pueblo y regresando al nuestro.

Después de cenar, y como hacen muchos de nuestros mayores en sus pueblos, sacábamos a la puerta de la casa las sillas y nos sentábamos “a tomar el fresco”, reuniéndonos con otros vecinos, en donde se contaban los chascarrillos típicos de un pueblo, los dímes y diretes de éste y de aquel, callándose cuando pasaba alguien para luego, si alguno no sabía quién era, preguntarle al resto.

Hay ciertos lugares que están guardados en mi memoria de aquellos días, los cuales paso a nombraros a continuación:

– La tienda de Dionisio: Era el estanco, la tienda de prensa, la de chucherías… en la Plaza Mayor, en esta tienda encontrabas de todo lo que necesitaras: Desde harina de almortas para hacer unas exquisitas gachas, hasta el periódico deportivo para enterarte de los últimos resultados.  Hace años cerró sus puertas, pero su fachada sigue como antaño, conservando incluso su puerta de entrada a la tienda tal cual.

– La tienda del “Muerto”: Llamada así porque su propietario era quien cobraba el seguro popularmente conocido como “de los muertos”, en esta tienda, situada en la calle del Agua, esquina calle Mesones, podías encontrar desde productos de limpieza hasta recuerdos y postales del municipio. Hoy, en el lugar donde se encontraba, se encuentra levantada una casa de moderna construcción.

– La tienda del “Nono”: Era el supermercado habitual que encuentras en cualquier municipio, situado en la Calle Mesones, al lado de la sucursal de Caja Castilla-La Mancha, llamado así debido a que ese era el mote de la persona que lo regentaba.

Hoy en día el super (que fue “Ahorro diario”, “Ahorro total”, “Descuento diario”, etc), sigue abierto, aunque regentado por otras personas del municipio.

– La tienda de la calle del Agua: Otra tienda en la que se vendía de todo: Desde alimentación a productos de limpieza. La tienda se encuentra a día de hoy cerrada, aunque en su puerta enrejada siguen quedando vestigios de aquella época.

– San Huberto: Local abandonado situado a la entrada del municipio, en el que nuestros mayores guardaban sillas y bolas de petanca para poder practicar este juego las tardes de verano; situado en la entrada del pueblo, fueron muchas tardes las que acompañé a mis abuelos para disfrutar de sus partidas junto con sus compañeros.

El local fue derribado, y en su lugar se encuentra hoy en día el Tanatorio Municipal.

– La Plaza de las Ranas: Realmente se llama Plaza de la Constitución, pero recibió su nombre por una fuente situada en ella con unas ranas de cuyas bocas salían chorros de agua.

Dicha plaza fue remodelada, y la fuente desapareció… aunque para los de mi época siempre será la Plaza de las Ranas.

Ya en la adolescencia, comencé a salir con un grupo de amigos en el municipio, tanto oriundos de la localidad como llegados de Valencia, Barcelona, Madrid…

El cambio a partir de ese momento de mis costumbres en el pueblo fue evidente: Salidas durante todo el día, por la mañana a la plaza, por la tarde a la piscina, luego al campo de fútbol, y por la noche al pub, a los bares y a la discoteca. Apenas paraba por casa, y era para comer, ducharme y dormir.

Además, en lugar de ir 15 días comencé a ir un mínimo de 3 semanas, y aprovechaba para quedarme hasta las fiestas, que son el segundo fin de semana de septiembre, para disfrutar más tiempo en aquel lugar.

Era como vivir en otro mundo, fueron unos veranos increíbles; cualquier puente o festividad, aprovechaba para ir por allí, y volver a vivir esas experiencias únicas.

Años más tarde, el tiempo hizo que unos dejáramos de volver con la asiduidad de la adolescencia, que otros se mudaran del pueblo a otras ciudades… la rutina laboral nos obligó a tener menos días para disfrutar allí, crecimos y esos mágicos veranos desaparecieron; no obstante, llevo muy dentro aquellos días inolvidables con esas grandes amistades forjadas en Osa de la Vega.

De esta época guardo gratos recuerdos de otros lugares del municipio, que son los siguientes:

– Discoteca Nelson: Situada en la calle del Agua, era el lugar de encuentro de los jóvenes (y no tan jóvenes) del municipio; en la entrada podías comprar un vale por una consumición de refresco/cerveza o de cubata. Recuerdo que la barra estaba situada a mano derecha, bajando unos escalones había unos sofás para sentarte, y frente a éstos la pista de baile. Uno de los momentos cumbres era cuando pinchaban  “El meneaíto” y toda la gente en la pista de baile se marcaba su coreografía.

Muchas veces hemos cerrado literalmente la discoteca, y al salir, nos íbamos a la Plaza Mayor para charlar hasta que amanecía y nos volvíamos a dormir a casa. Eso sí, el que primero se levantaba, iba a buscar al resto a su casa, e íbamos de nuevo para la plaza. La discoteca echó el cierre hace años.

– La piscina municipal: Se encuentra en la entrada al municipio por la carretera de Los Hinojosos; cada tarde, nada más comer, quedábamos allí, y pasábamos el tiempo hasta las 19:30 horas en que cerraba. Nos sacábamos el bono para todo el verano, que amortizabas en un mes, y entre baños, helados, bolsas de patatas fritas, chistes, charlas, bromas y cigarrillos se pasaban las tardes en un suspiro.

– Los bares del pueblo: De cena, de cervecitas… lo importante era reunirse todos y disfrutar. En Los Caleros cenábamos a menudo, en el patio que tenían a modo de terracita, y entre raciones de croquetas y de queso y de jamón hacíamos ronda de chistes antes de ir a la discoteca. Hoy sólo sobrevive el bar de la Plaza Mayor.

– Los aledaños y la parte trasera de la iglesia: En los aledaños de la iglesia (y en la calle que subía hacia ella, donde se encuentra la biblioteca), hacíamos botellón, o nos íbamos a fumar. En cuanto a la parte trasera de la iglesia, allí era donde teníamos nuestros flirteos veraniegos; el lugar no era de lo más romántico, y las vistas tampoco acompañaban (enfrente se encuentra el cementerio viejo), pero no nos importaba demasiado.

– La arboleda: Situada en el camino aledaño al cementerio viejo, a unos metros tras él. Alguna tarde parábamos en aquel lugar, y, sentados sobre unas grandes piedras, charlábamos, nos echábamos un cigarrito… Daba gusto estar ahí.

– El Sempa: Enfrente de la gasolinera; aquí veníamos a hacer botellón, a echarnos tranquilamente nuestros cigarros y a charlar de todo un poco.

– Había noches en las que nos saltábamos la valla del colegio, y nos sentábamos junto a la puerta principal, para poder hablar tranquilamente sin molestar a los vecinos.

– La parada del autobús: Al lado de la piscina; aquí nos reuníamos cuando ya estaba todo cerrado, o bien íbamos a buscar a la gente que llegaba desde Madrid o a despedirnos de aquellos que regresaban a la rutina tras las vacaciones.

Y en esta parada, lugar de bienvenidas y de despedidas, me despido de este capítulo de mi vida, con el recuerdo presente de tantos buenos momentos ocurridos en los veranos que viví.

Jueves, 20 Agosto 2015 12:26

Memorias Visuales. Torrejón Graffitero.

Que Torrejón está arraigado a la cultura importada de Estados Unidos es algo que todos conocemos, gracias a la base aérea, hace bastantes años perteneciente al gobierno estadounidense, hasta que fue desmantelada a finales del pasado siglo y reconvertida en española.

La ropa, la música… todo lo queríamos de allí; siempre había alguien en nuestros círculos sociales que alardeaba de conocer gente dentro de la base, y nos mostraba novedades que aún no habían pisado territorio español, pues durante los 80 y 90 las salidas mundiales a los mercados no estaban tan consolidadas, al menos en España, y en cuanto a novedades estábamos en pañales con respecto a los países del otro lado del charco, debido a la demora con la que nos llegaban sus productos.

Hay que tener en cuenta que la base pertenecía a Estados Unidos, y como tal, era territorio estadounidense; era una ciudad dentro de la pequeña ciudad de Torrejón en aquellos días, por lo que sus productos les llegaban antes de que salieran al mercado en territorio español.

Y, por supuesto, y como parte de una de sus culturas, el boom que supuso el movimiento del hip-hop, tanto en su música, como en su estética, así como sus inquietudes culturales, quedó plasmada en aquellos muchachos sorprendidos del este de Madrid. Surgieron chavales que practicaban break-dance en los soportales de la Plaza Mayor, gente vistiendo con chándal y llevando la radio por la calle con rap americano, y otros grupos de chavales que se juntaban y hacían sus pinitos con sus primeras rimas. Y también surgieron los graffitis.

Entiéndase como graffiti el dibujo artístico propiamente dicho, realizado generalmente sobre paredes (y vagones de trenes, de metro, etc.); no confundir con las tags o firmas tal cual que también inundaban todas partes; son conceptos bien distintos.

Recuerdo que mi primer contacto con ese mundillo del tag y el graffiti fue en la infancia, cuando íbamos con mi abuelo a pasear por detrás del polideportivo Joaquín Blume (recuerdo que no había nada más que campo desde los pisos de la carretera de Loeches hasta el polideportivo, y alrededor suyo todo era campo igualmente), y, al lado de la pastelería Jayma que había en la calle del Río Henares, en la pared de una pequeña tienda ubicada en una casa baja, a modo de tag, aparecían tres muñequitos iguales a los que pintábamos cuando jugábamos al “ahorcado”, con poses de baile, y bajo ellos, las palabras escritas en mayúscula “BREAK DANCE”.

Por las calles, los inevitables tags adornaban nuestras paredes, y, fueran bonitos o feos, decoraran o ensuciaran, lo cierto es que uno se acostumbraba a su presencia, y lo sentía como una seña de identidad del barrio, por lo que, cuando alguno desaparecía, quedaba una rara sensación al ver la pared en cuestión limpia de aquellos “garabatos”.

Años más tarde, conocí, pues eran amigos de mi hermano, a Chopper , Chopper Deux y Swear, graffiteros que lo hacían bastante bonito. Respecto a los trabajos suyos que tuve el gusto de presenciar a la hora de ser ejecutados, y, ya realizados, disfrutar de ellos cuando pasaba por la calle, recuerdo uno en una de las paredes del solar donde estuvo el antiguo matadero, concretamente en la que daba hacia la calle Hospital. En dicho solar hoy está el gimnasio  Go Fit,. Entre los dibujos realizados, destacaba una gran rosa roja que Chopper Deux pintó y dedicó para su entonces novia. Dicho graffiti desapareció con el tiempo, y en su lugar pintaron otros nuevos, que finalmente desaparecieron también con la construcción del enorme edificio que alberga el gimnasio ya nombrado.

Otro de sus trabajos fue en la pared que bajaba desde la avenida Constitución al antiguo Puente de Risi, que cercaba el solar donde en su día se ubicó esta fábrica de patatas fritas. Hubo varias alusiones a The Beatles en aquel graffiti, como una gran morsa con las palabras “I Am The Walrus” o la cabeza de Pluto, de cuyo ojo salía una sustancia amarillenta, en alusión a una parte de la misma canción de la banda británica que dice “Yellow matter custarddripping from a dead dog’s eye” ("Natilla de sustancia amarillenta goteando del ojo de un perro muerto”). También había tres personajes de mirada y rasgos poco definidos, bajo la leyenda “Somos los malos de Barrio Sésamo“; esta última parte fue retocada, simularon unos disparos en sus rostros y cuerpos, y el “Somos” fue sustituido por letras rojas por “Éramos“. Las paredes fueron finalmente blanqueadas, desapareciendo dicha obra. Tras su blanqueo, promocionaron con otro graffiti la publicidad de una urbanización de próxima construcción en la localidad.

Evidentemente, muchos más graffitis decoraban Torrejón en aquella época; precisamente, en la fachada que se conservaba del antiguo matadero, había un graffiti que llamaba poderosamente mi atención, y es que el dibujo de su parte superior, que posteriormente fue borrado, representaba una masturbación masculina, lo cual no dejaba de sorprenderme.

 Los miembros del colectivo “Los domingos al sol” (Facebook) abarcaron posteriormente prácticamente la totalidad de las paredes que rodeaban a dicho solar del matadero, haciendo verdaderas obras de arte.

Otro de los graffitis emblemáticos de Torrejón, desaparecido recientemente, fue el de los peces y la mujer de perfil en la pared lateral del edificio situado al lado del puente de la carretera de Loeches, enfrente del bar Patrizzi, realizado por artistas del graffiti miembros de La Family.


Precisamente, gracias a este colectivo, a día de hoy, podemos disfrutar de maravillas grafitteras en nuestra ciudad y de exposiciones en las diferentes salas dedicadas al efecto sobre estas obras de arte (Web de La Family).

Hubo muchos más que sé que dejo en el tintero, pero estos son las más representativos desde mi punto de vista, pues son con los que me cruzaba cuando iba a estudiar, cuando quedaba con mis amigos, o iba a hacer la compra, o a coger el tren, o simplemente a pasear por los rincones de Torrejón.

Da igual la hora por la que salgas de la estación de metro de Embajadores, la imagen siempre es la misma: politoxicómanos merodeando en la plaza, buscando su enésima cunda que les lleve a su particular paraíso. Eso es a simple vista, superficialmente. Si te fijas más allá de las luces de los semáforos y te aíslas momentáneamente del tráfico reinante, podrás contemplar un gorro.

Un gorro negro, probablemente de alguna promoción caducada de desodorantes. A lo sumo de algún vendedor ambulante al que un día compró. Ese gorro, acompañado por un periódico desprestigiado, aguarda paciente durante todo el día a las puertas de un supermercado. Siempre con esa sonrisa que contrasta con el color de su piel.

Quizá él no lo sepa, pero por su lado pasan diariamente cientos de estudiantes, buscando un título universitario que les permita tener un gran sueldo y les convierta en personas formadas y repletas de conocimientos.

Sin embargo, es difícil que recuerde caras, porque muchos días esos estudiantes se quedan durmiendo en sus camas, infectadas de desidia y pereza, embadurnadas por la calefacción y podridas de conformismo. Esos mismos que en un futuro irán a la compra con sus hijos y les explicarán que ese hombre no es más que un inmigrante sin papeles que vende un periódico que no sirve para nada. Como mucho, le echarán unos céntimos y les explicarán a sus discípulos que eso es caridad, empatía y solidaridad, cuando en realidad estarán ocultando un sentimiento de culpabilidad tremendo.

Porque ese vendedor de noticias sin aparente interés no captará la atención de casi nadie, pero es un ejemplo de constancia, de valentía, de rigor al estar de pie más de doce horas al día. Sin familia, sin amigos, sin trabajo, sin dinero, sin futuro... pero con valores. Unos valores en peligro de extinción por creernos que por ser europeos, hablar idiomas y tener el carné de conducir somos de primera clase. Cuando somos más inhumanos, rehusamos el contacto con desconocidos y nos autocomplacemos al depositar una miseria en sus manos.

Sin duda, alguien debería manifestarse para que las personas volvamos a ser personas, para que los auriculares dejen de ser aislantes sociales y la televisión un bálsamo reparador de conciencias. Y para que, por supuesto, le den su título universitario. De licenciado en constancia, simpatía y valentía.