Un Español en Alemania VIII

Un Español en Alemania VIII

“El exiliado mira hacia el pasado, lamiéndose las heridas; el inmigrante mira hacia el futuro, dispuesto a aprovechar las oportunidades a su alcance.” ( Isabel Allende )

Soy Jose Mateos Mariscal, trabajador autónomo en en mi país, España, perjudicado por una crisis económica. Perdí todo: mi piso, mi coche, todo menos mi dignidad. Después de desahucio en desahucios la crisis me transportó a Alemania con mi mujer y mis dos hijos.

Salir del hogar donde hemos crecido por muchos años representa la oportunidad de perseguir el sueño de un futuro mejor para nosotros y nuestra familia, pero también significa que pronto estaremos dejando atrás todo lo que conocemos para dar paso a nuevas y mejores o peores experiencias.

Te explico el fenómeno de la emigración: en España en los últimos diez años nos hemos convertido en un pueblo de emigrantes modernos ,por no tener futuro, por desahucios , por ser parado de larga duración . Un pueblo donde las familias están divididas. Donde los abuelos no ven crecer a sus nietos y los nietos no gozan de la alegría que es tener abuelos. Donde los hermanos toman caminos distintos y pasa mucho tiempo entre un encuentro y otro.

Donde para los amigos es casi un ritual organizar despedidas. ¡Y cuánto duelen las despedidas! Tenía razón el poeta francés Edmond D´Haracourt cuando dijo que “partir es morir un poco, porque es morir a lo que se ama”.

Emigrar es similar a morir y volver a nacer, dormir y despertar en un lugar desconocido o quizás haber recibido un golpe que te hizo perder el conocimiento, para luego ir asimilando todo poco a poco, así me he sentido, y en ese trajinar solo me ha tocado comparar lo nuestro con lo del nuevo país, comparo costumbres, cultura, modismos y hasta como caminan. Afortunadamente son personas como tú y como yo de carne y hueso con fortalezas y falencias, con criterio y sentimientos que a pesar de nuestra condición, me han recibido con los brazos abiertos.

Para todos aquellos que no han salido de su tierra, y se atreven a criticar a todos aquellos que una vez con un poco de valentia, o de miedo, de esperanza, y sobretodo con mucha fé en Dios, se atrevieron a dejar esta tierra por vias diferentes para buscar nuevos horizontes y un futuro mejor, pero siempre con el corazón puesto en nuestra tierra natal. "

Pagando así el alto precio del "Sueño Aleman" que es estar lejos de sus seres queridos a los cuales muchas veces ni vuelven a ver y peor aun sin poderles dar el último adiós.

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    El fenómeno del fontanero polaco en Alemania ha mutado. Ahora se busca al fontanero español, mano de obra barata que emigra a un país de la llamada Europa rica en busca de tres cosas: calidad de vida, nula tasa de paro y, sobre todo, capacidad de progresar. Ese sueño antiguo de la persona que entraba a trabajar como botones en el Banco Santander y podía acabar como presidente de la entidad
    hace décadas que se esfumó en nuestro país.

    En este siglo XXI el personal no cualificado –albañiles, electricistas, transportistas y cuidadores– no vemos ninguna opción de progresar en España y de pasar de mil, mil doscientos euros en el mejor de los casos.

    El 18 de diciembre, las Naciones Unidas conmemoran el Día Internacional del Migrante para visibilizar a los 272 millones de personas en todo el mundo que vivimos fuera de nuestro lugar de origen. Es cuando ocupamos un espacio en los telediarios, cuando organizaciones no gubernamentales y otras entidades aprovechan para lanzar informes que arrojan datos y novedades sobre el fenómeno y quienes lo protagonizan.

    A veces se dice de una persona o grupo de personas que no tienen voz y el periodismo se utiliza como herramienta para dársela. Los
    migrantes sí tienen voz y no dejamos de alzarla. El problema es que no siempre se nos quiere escuchar. Porque no importamos, porque no integramos, porque nuestros intereses quedan lejos de los vuestros, los de los lectores... y, cuando nos animamos a algún medio de comunicación, es generalmente para protagonizar alguna noticia mala como un naufragio con muertos en el Mediterráneo, por citar el
    tópico más típico.

    Nuestra historia es de película. La familia Mateos Mariscal nació en Zamora capital. Allí vivíamos junto a nuestros familiares, yo tenía una empresa de construcción metálicas. La crisis que se vivía en el país nos empujó a buscar un futuro mejor. Fue así como logramos subirnos a un avión que nos llevaría a un destino incierto.

    Nosotros los Mateos Mariscal somos un ejemplo del pasado y también del futuro.​ Recuerdo que cuando era niño mi tio abuelo. un hombre que vino desde España a Alemania me dijo: “Jose, no sabes que difícil es ponerse en la cabeza de un inmigrante”. Ciertamente no comprendía lo que me decía. Me explicaba que la gente difícilmente entendía cuando les contaba, que expulsados por la guerra civil española se debían separar de sus seres queridos y ver un futuro truncado. Debían enfrentarse con sueños destruidos en un viaje en tren a lo desconocido. A la par, ver a sus padres despidiendo al hijo que, posiblemente, no verían nunca más en sus vidas.
    Me emociono cada vez que recuerdo a mis tío abuelo, luchar por reconstruir un futuro, a partir de un pasado que ya no les pertenecía. Su voluntad, su entereza, sus ganas de empezar de nuevo mirando siempre para adelante.

    Un ejemplo, como fueron todos los inmigrantes de templanza, de no bajar los brazos frente a las dificultades, de seguir soñando por un mundo mejor.
    Somos un ejemplo del pasado, pero también del futuro. Para aquellos que por mucho menos, frente a un obstáculo, todo lo abandonan. Para los que solamente sueñan dormidos, sin darse cuenta de que soñar despierto también nos mantiene vivos. Para aquellos que creen que el amor es un instante, en lugar de algo que se
    construye todos lo días.

    Me causaba mucha gracia cuando en ocasiones decían: “Nos vamos a España ". Luego comprendí que irse a España significaba pasar el día en la Asociación de padres de familia y que había cerca de su casa en Alemania.
    Para ellos, como para los miles de inmigrantes, sean italianos, españoles, judíos, ucranianos, polacos, iban a esos lugares para sentirse cerca del país donde habían nacido. Es como un cordón umbilical que nos une a nuestra tierra.

    Ahí nos encontrabamos con nuestros paisanos, hablamos el mismo idioma, saboreabamos las mismas comidas, bailamos nuestra misma  música. Algunos hasta se visten a la usanza de aquellas regiones Españolas con trajes regionales.

    Creo que cada 18 de Diciembre habría que salir al balcón y aplaudir a aquellos que ya no están y a los que todavía, con su presencia, siguen luchando y tratando de hacer grande a este país España en el extranjero . Y aprovechar ese aplauso para agradecerles por habernos ayudado a construirlo una España en Alemania.

    Por habernos dejado, además de una cultura del trabajo, paisanos en las artes, en la poesía, en las ciencias y en otras tantas disciplinas.
    Me siento muy orgulloso de ser un inmigrante de esos descendientes que habitaron suelo Alemán Vaya para ellos, mi cariño, respeto y admiración.

  • Un Español en Alemania XIX. Salvados de la ruina por un 'padre' navarro

    La crisis hizo que José Mateos y su familia tuvieran que abandonar su país y viajar a Alemania en busca de un futuro. Allí, un sacerdote navarro les dio techo y les ayudó a encontrar un trabajo, algo que hoy en día siguen agradeciendo. María Coral, Leandro Mateos, José Mateos y Yhasmin Mateos, recientemente en Alemania.

    Han pasado algo más de siete años y medio desde que José Mateos Mariscal y su familia tuvieron que abandonar su casa para buscar un futuro mejor en otro país. Como a tantas otras personas, la crisis económica de 2008 les golpeó e hizo que perdieran todo lo que tenían. Mateos, natural de Zamora, era autónomo y tenía una pequeña empresa de estructuras metálicas para grandes superficies comerciales con 20 operarios a su cargo, a la cual contrataban grandes empresas de todo el Estado.

    Todo iba bien, hasta que la empresa quebró y la recesión le obligó a poner todo su patrimonio sobre la mesa. Fue entonces cuando comenzó su pesadilla, así como la de su mujer, María Coral, y su hijos, Leandro y Yhasmin, en aquel momento de 8 y 12 años respectivamente.

    "Con 39 años no asimilaba estar en el paro. Tenía un título y había trabajado toda mi vida. Estuvimos cuatro años malviviendo con 360 euros de subsidio que no daban para nada y con problemas con los asistentes sociales", explica Mateos, que tuvo que vivir dos desahucios.

    Ante el "miedo", el zamorano buscó ofertas por internet hasta que encontró una en Alemania que a simple vista parecía irrechazable, ya que ofrecía trabajo en una fábrica y una habitación por 300 euros. En junio de 2013 vendió su coche y compró un vuelo para su familia dirección Wuppertal. "Llegamos a un portal y no había nada. Era un descampado. Nos vimos perdidos", recuerda. Ante esa situación, y "sin poder hacer nada", decidieron coger un tren para regresar a su país natal.

    Lo que no sabían era que una serie de casualidades iban a cambiar sus planes, empezando porque las vías del tren estaban cortadas y tuvieron que parar en ​Remscheid en busca de un lugar "en el que poder dormir esa noche". Al bajar, un mujer les recomendó ir a la Coordinadora Federal del Movimiento Asociativo de Alemania, "una especie de consulado que ayuda a la gente gratis", aclara Mateo.

    Pero el verdadero giro de los acontecimientos se dio cuando entraron en el bar Andalucía, donde conocieron a un cocinero que trabajaba para las Misiones Católicas de lengua española en Alemania, cuyo objetivo era ayudar a los emigrantes y de la que por aquel entonces era delegado nacional el sacerdote navarro José Antonio Arzoz Martínez. Un hombre con el que, años después, esta familia se sigue sintiendo agradecida.

    Mateos explica que, tras ponerse en contacto con él, el sacerdote diocesano no dudó en ir a recogerles y les ofreció comida y cama durante 15 días, el tiempo que tardó en encontrar su primer trabajo en Alemania como soldador. "José Antonio nos acogió, nos dejó dormir en una parroquia y nos ayudó a encontrar trabajo. Nos ayudó como un padre y le queremos agradecer todo lo que ha hecho por nosotros", señala.
    Una ayuda que cambia vidas Actualmente no tienen contacto con él, pero no se olvidan de que es "una persona solidaria e implicada, que se ha dedicado toda su vida a ayudar y que protegió a los más desfavorecidos y se involucró con ellos.

    Guardamos un recuerdo impresionante de él. Nos salvó de la situación en la que nos encontrábamos, si no, estábamos perdidos", confiesa Mateo, quien quiere aprovechar estas líneas "para hacerle un homenaje, porque se lo merece y es una persona maravillosa".

    Después de casi ocho años en Alemania, y con el recuerdo de la ayuda del sacerdote José Antonio muy presente, Mateos y su familia han conseguido asentarse; él trabaja para el Ayuntamiento recogiendo basura con un contrato indefinido y su hijo e hija estudian. Su mujer, por su parte, no puede trabajar debido a que tiene artrosis.

  • Un español en Alemania XVI. "El tocadiscos, más que una reliquia"

    La juventud de hoy difícilmente los conoce, "los cincuentones los extraña". Con la invención del tocadiscos en 1887, Emil Berliner llevó la música a las salas de estar durante más de 100 años.

    Aunque Berliner no sea tan conocido como Thomas Edison, sus invenciones tales como el micrófono son igual de significativas.
    un modelo de gramófono; trabajó intensamente, con sus propios fondos, para difundir medidas de higiene para prevenir la mortalidad infantil; escribió y publicó libros sobre este tema y colaboró en comités políticos. Incluso tenía el aspecto atractivo pero sobre todo respetable, propio del actor que podría protagonizar su vida.

    Pero Berliner fue, antes que todo, un hombre de su tiempo. Nacido en Alemania en 1851 emigró a los Estados Unidos en 1870 y como millones de hombres y mujeres trabajó para sobrevivir, completar su educación y acceder a una vida mejor. Fue parte de la época de las invenciones en la Norteamérica de principios del Siglo XX, fue contratado por la compañía de Alexander Graham Bell, como parte de la adquisición de la patente del transmisor recién inventado por Berliner.

    Su vida también incluyó los sufrimientos del momento: su hija murió a edad temprana, víctima de la contaminación en la leche, lo que convirtió a Berliner en ​ un activista de la higiene y la educación para madres y niños.

    Una de sus decisiones controversiales, pero lógicas dentro de ese margen de tiempo, fue su activa participación en comités sionistas para “establecer un hogar judío dentro de Palestina”.

    La invención que le dio fama a Berliner –el gramófono y los discos para reproducción de sonidos- fue un proceso largo de prueba y error. Primero decidió trabajar con el método de grabar las vibraciones de la voz desarrollado por Leon Scott en 1850 para terapia del lenguaje.

    Se hacía una gráfica de la voz a través de la vibración de un diafragma conectado a una pequeña brocha. Hasta ese momento, más de 50 años después a nadie se le había ocurrido hacer lo opuesto: reproducir la voz o los sonidos usando estas “gráficas”.

    Berliner trabajó con varias substancias en donde se pudiera dibujar o hacer relieves diminutos con estas gráficas, después de años de pruebas logro buenos resultados con un disco de zinc, barnizado después de la grabación.

    Este disco podía insertarse en una mesa giratoria y el sonido se reproducía usando una pluma metálica. Los discos se hicieron de varios materiales incluyendo hule y cerámica.